NOCHE DE SAN JUAN. NOCHE DE MEIGAS

No sé tú, pero a mí la Noche de San Juan siempre me ha removido algo por dentro.
Será por el fuego, por las hogueras, por ese aire raro que se respira cuando cae el sol…
O porque, aunque no lo diga en voz alta, yo sí creo que hay noches en las que el alma se despierta un poquito más.

Hace poco recordé el San Juan del año pasado. Sin embargo, no hice gran cosa.
No bajé a la playa, ni salté hogueras, ni recogí plantas mágicas al amanecer.
Pero me bastó con mirar por la ventana, oler el humo de las hogueras vecinas, y pensar:
“Las meigas seguimos aquí, aunque ya no llevemos capa ni escoba.”

“No hace falta hacer un ritual complicado. A veces, encender una vela y escuchar lo que sientes ya es suficiente.”

Me quedé un rato en silencio.
Pensando en lo que quería soltar, en lo que ya no me sirve.
Porque esa es la verdad: San Juan es una excusa perfecta para quemar lo que pesa.
Y para dar paso a algo nuevo, aunque no sepas todavía qué es.


¿Y tú, qué harías si nadie te juzgara?

Igual te pasa como a mí: sientes cosas, intuyes cosas, pero no siempre sabes cómo ordenarlas.
Y está bien.
No tienes que ser “bruja”, ni saber de astrología, ni hacer rituales perfectos.
Solo tienes que escucharte un poquito más.

Y si te apetece hacerlo acompañada…
Aquí estoy.

“No hace falta entenderlo todo. A veces solo necesitamos que alguien nos escuche sin juicio y con alma.”


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