aquella vez que lloré con la Luna

Anoche lloré.
No por tristeza… sino porque la Luna en Escorpio me tocó el alma.

Fue una de esas noches donde la Luna parece más cerca que nunca, y simplemente no puedes esconder lo que sientes.

Me senté en el suelo de mi habitación, en silencio. Solo yo, una vela encendida y esa luz blanca que entraba por la ventana como un susurro.
No había música. Ni palabras. Era la Luna en Escorpio. Y quien ha sentido una, lo sabe: no viene a acariciar, viene a transformar.

“La Luna no pide permiso para brillar. Solo lo hace. Y nos recuerda que nosotras también podemos.”

Empezaron a brotar lágrimas sin razón aparente. Pero yo sabía por qué.
Porque a veces el alma se cansa de sostener tanto.
Porque hay emociones que no se curan hablando, sino sintiendo.
Y porque hay momentos, como esta Luna Llena, en los que todo lo oculto quiere salir a la luz.

No voy a contarte exactamente qué hice después.
No por secreto… sino porque cada alma tiene su propio camino.
Y porque el tuyo tal vez no se parezca al mío.

Solo puedo decirte esto:
Cuando la Luna te llama, escúchala.
Cuando algo en ti te pide llorar, hazlo.
Y si no sabes por dónde empezar,
déjame ayudarte.

“No todo se entiende con la mente. Algunas cosas solo se sienten con el corazón.”

¿Sientes que algo dentro de ti necesita soltar, sanar o renacer?

Estoy aquí para acompañarte.
A veces, una pequeña guía es todo lo que necesitamos para transformar una noche difícil en un nuevo comienzo.

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