No era el final, solo esperábamos la primavera Mar 20, 2026 — por Eva G. en Historias
Hoy ha entrado la primavera. Se nota en la luz distinta que entra por mi ventana. En el olor a tierra tibia que empieza a colarse en la casa. Y en esa sensación de que todo lo que parecía dormido, de repente, despierta.
Hay relaciones que son exactamente así. Pasan por inviernos larguísimos. Inviernos llenos de frío, de distancia, de días grises donde apenas se cruzan dos palabras.
Hace unas semanas, justo cuando los primeros almendros empezaban a asomar, recibí un mensaje. Era largo, escrito a deshoras. Decía una frase que se me quedó grabada: “Eva, siento que nos hemos marchitado.”
Llevaban ocho años juntos. No había terceras personas. No había gritos ni grandes traiciones. Había, simplemente, un desierto. Dormían en la misma cama, pero a kilómetros de distancia. Ella creía que el amor se había secado por completo y que era imposible salvar la relación. Que ya no quedaba nada que regar.
Pero cuando nos sentamos y le hice una lectura de Tarot, vi algo diferente. Vi raíces. Raíces profundas, fuertes, que seguían aferradas a la tierra. El árbol no estaba muerto. Sólo estaba sepultado bajo capas de rutina, estrés, silencios y orgullo.
Le expliqué lo que siempre os digo: La Magia Blanca no puede crear amor de la nada. Pero sí puede hacer llover sobre la tierra seca.
Esa noche, no hice un ritual para atar ni para retener. Hice un abrecaminos para el amor y un endulzamiento de pareja con hierbas frescas. Romero, miel, y una vela verde esmeralda. Mi intención era clara: barrer las hojas muertas. Limpiar los bloqueos energéticos que traía la monotonía y dejar que la energía volviera a circular entre los dos.
Le pedí paciencia. La naturaleza no florece de un tirón.
A los diez días, me escribió: “Ayer me preparó el café por la mañana. Hacía meses que no lo hacía.” Un brote pequeño.
A la semana siguiente: “Me ha propuesto que salgamos a dar un paseo. Sin los niños. Solos.”
Y ayer, justo en la víspera de esta primavera, me llamó. Su voz sonaba distinta. Ligera. Viva. Me contó que, volviendo a casa, se quedaron en el coche hablando. Que él se había roto y le había confesado lo solo que se sentía, lo mucho que la echaba de menos aunque la tuviera al lado. Se abrazaron de verdad. Con esa fuerza del que logra recuperar el amor perdido después de una tormenta de nieve.
Hoy, mientras veía entrar el sol por mi ventana, he sonreído pensando en ellos. Porque me confirman lo que mi trabajo me enseña todos los días. Que un invierno frío no significa el fin de la historia. Que, a veces, el amor solo necesita que le quitemos la escarcha de encima para que vuelva a respirar.
Si sientes que estás atravesando una crisis de pareja que parece no acabar. Si notas que las raíces aún están vivas, pero no sabes cómo recuperar a tu pareja para que vuelva a florecer. No dejes que se seque del todo. Escríbeme. Quizás vuestra historia solo necesita un poco de luz para volver a brotar.
Habla conmigo, Eva González Deja que veamos juntas si vuestra primavera está a punto de llegar.


Deja una respuesta